sábado, 22 de julio de 2017

Virgilio en verano. Un pasaje de las Geórgicas

Virgilio está asociado en mi mente al verano, ya que uno de mis pasatiempos veraniegos ha consistido con alguna frecuencia en traducir a mi autor favorito. Traducir poesía es una tarea muy estimulante, si bien poco remuneradora. Normalmente el texto que en la lengua original suena bello y armonioso, las palabras que parecen formar una arquitectura perfecta, al traducirlas a otra lengua se convierten en el mejor de los casos en una sombra que imita la forma que le da origen, cuando no más bien en muchos otros casos menos afortunados la traducción llega a ser una esperpéntica caricatura del original, como si éste, al cambiar de lengua, se viera reflejado en un espejo deformante.

De todos modos, el traductor no puede hacer milagros y, hasta que no inventen de una vez el artilugio que usan en Matrix y podamos todos leer los textos en su lengua original, seguirán siendo necesarias las traducciones. Por traidoras que sean, nos proporcionarán una semejanza o una aproximación lo más fiel que cada traductor haya sido capaz, a la obra original.

Todo este preámbulo en realidad es un modo anticipado de excusarme por la traducción que viene a continuación. Hay un fragmento de la Geórgica cuarta, la que está dedicada a la apicultura, que me gusta especialmente. En el fragmento Virgilio describe a un anciano oriundo de las costas de Cilicia que cultiva un  mínimo huerto en algún lugar cercano a Tarento. Siempre he pensado que en este caso no  tratamos con un tópico literario, sino que aquí Virgilio nos narra una vivencia personal y que el viejo hortelano existió en la vida real y tanto impresionó su sencilla vida al autor que no pudo dejar de dedicarle unos versos. Estos que yo ahora torpemente traduzco:



Frescos de la villa de Livia en Prima Porta. Museo Massimo, Roma



Namque sub Oebaliae memini me turribus arcis,
Qua niger umectat flaventia culta Galaesus,
Corycium vidisse senem, cui pauca relicti
Iugera ruris erant, nec fertilis illa iuvencis
Nec pecori opportuna seges nec commoda Baccho.
Hic rarum tamen in dumis holus albaque circum
Lilia verbenasque premens vescumque papaver
Regum aequabat opes animis seraque revertens
Nocte domum dapibus mensas onerabat inemptis.
Primus vere rosam atque autumno carpere poma
Et cum tristis hiemps etiamnum frigore saxa
Rumperet et glacie cursus frenaret aquarum,
Ille comam mollis iam tondebat hyacinthi
Aestatem increpitans seram Zephyrosque morantis.
Ergo apibus fetis idem atque examine multo
Primus abundare et spumantia cogere pressis
Mella favis; illi tiliae atque uberrima pinus;
Quotque in flore novo pomis se fertilis arbos
Induerat, totidem autumno matura tenebat.
Ille etiam seras in versum distulit ulmos
Eduramque pirum et spinos iam pruna ferentis,
Iamque ministrantem platanum potantibus umbras.

                       Vergilius Maro. Georgicon IV, 125-146


 Frescos de la villa de Livia en Prima Porta (detalle). Museo Massimo, Roma


Pues en efecto, bajo las torres de la ciudadela de Tarento, por donde el negro Galaeso riega rubios sembradíos, recuerdo haber visto a un anciano coricio, cuyas eran unas pocas yugadas de campo abandonado, tierra de labor aquella, ni fértil para la yunta, ni a propósito para el ganado, ni buena para viñas. Éste, aunque entre jarales, iba exprimiendo alguna verdura y blancos lirios entorno y ramos de mirto y voraz adormidera, igualaba en sus ánimos las riquezas de los reyes y, al volver a casa al anochecer, cargaba su mesa de banquetes no comprados. Era el primero en coger en primavera la rosa y en otoño los frutos, y  cuando el triste invierno hasta las rocas rompía de frío y con hielo frenaba los cursos de agua, aquél ya podaba el follaje del blando Jacinto, mientras reprende al verano que tarda y a los Céfiros en su demora. Por consiguiente, el primero así mismo  abundaba en producción de abejas y numeroso enjambre y recogía espumantes mieles de los exprimidos panales; tenía aquél tilos y el pino ubérrimo, y de cuantos frutos en la nueva floración se había revestido árbol fértil, otros tantos tenía maduros en otoño. Aquel también plantó tardíos olmos en fila y el peral durísimo y ya zarzas que dan endrinas, ya el plátano que da sombra a los bebedores.


Frescos de la villa de Livia en Prima Porta (detalle). Museo Massimo, Roma


2 comentarios:

  1. Exquisita traducción que, inevitablemente, delata a un filólogo que realmente "siente" las dos lenguas, ofreciéndonos un texto renovado, sabiamente actualizado.Tu admiración hacia tan excelso poeta siempre me ha recordado a la que por él sentía, y manifestaba, Borges, sobre todo en los libros de poesía de sus últimos años. En su prólogo para la edición de la "Eneida" afirma que "De los poetas de la tierra no hay uno solo que haya sido escuchado con tanto amor(...) Virgilio es nuestro amigo. Cuando Dante Alighieri hace de Virgilio su guía y el personaje más constante de la "Comedia", da perdurable forma estética a lo que sentimos y agradecemos todos los hombres". Asimismo, es el único poeta recordado en "Fragmentos de un evangelio apócrifo": "Felices los que aguardan en la memoria palabras de Virgilio o de Cristo, porque estas darán luz a sus días". Enhorabuena por tu estupenda "luminosidad".

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nunca al traducir a Virgilio, al menos yo, me he quedado satisfecho, él consigue lo que parece fácil siendo lo más difícil: decir lo inefable con palabras cotidianas y sencillas. Si se analiza a este poeta no se encontrará en él un léxico compuesto de palabras "poéticas" en el mal sentido de la palabra, tampoco es un gran experimentador de metros novedosos, trabaja, eso sí, el hexámetro con una maestría tan eficaz como sutil, simplemente crea magia juntando palabras comunes y sugiere significados que esas humildes palabras por separado nunca habrían osado tener. Trasmite sentimiento verdadero, es un poeta que habla desde un lugar que no es ni siquiera el corazón, sino algo más genérico, más fundamentalmente humano, desde el alma, es como si su espíritu se compenetrara con el espíritu del mundo. Todo esto parece muy exagerado así dicho y no quisiera incurrir en hipérboles tratándose de un genio que está más allá de esos banales elogios, pero sí que hago mía la frase que citas de Borges: "Felices los que guardan en la memoria palabras de Virgilio o de Cristo, porque estas darán luz a sus días". Mis precarias traducciones no alcanzan a manifestar la luminosidad de su palabra, pero algo queda, a pesar de la traducción. Gracias.

      Eliminar